¿La USAC es síntoma de un continente en riesgo?
- Nosotras las letras
- hace 6 días
- 3 min de lectura
Parte 1
Por Nosotras las Letras
¿Qué hace especial a Latinoamérica? Latinoamérica, como tierra castigada por su existencia, fue “descubierta” para ser explotada. Siglos después de la primera estocada, seguimos siendo el botín en la obra teatral de los delincuentes.

Cuando distintos gobiernos y sus diferentes razones ideológicas desgastan las universidades públicas, restringen presupuestos o reducen espacios de pensamiento crítico, no estamos frente a conflictos aislados, sino ante una tendencia regional de debilitamiento de instituciones capaces de cuestionar al poder. Latinoamérica, como tierra ultrajada es, definitivamente, establecimiento de control político.
La decadencia contemporánea del continente tuvo un prólogo teatral en 2017 con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, acuerpado por una sociedad indolente y racista que siempre ha normalizado lo intolerable. Nayib Bukele llegó a la presidencia de El Salvador en 2019 y encendió el escenario como si las luces del teatro cambiaran de color sin aviso. El sur no se salva: Javier Milei, en Argentina, y los personajes que vienen detrás como Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú.
Todo empuja hacia la misma dirección: concentración del poder, debilitamiento de las instituciones, y los derechos de la clase trabajadora reducidos a estorbo dentro del guion.
En el caso de Guatemala, el presidente Bernardo Arévalo asegura que somos un país en donde la democracia de su gobierno es ejemplo para Latinoamérica. Sin embargo, pese a sus "buenas prácticas políticas", ha dejado al país con la indignación de quien compra un algodón de azúcar y, justo antes de llevárselo a la boca, ve cómo el vendedor lo lanza al agua sin siquiera mirarle el rostro. Arévalo –lo sabemos todas– llegó a la presidencia del país como un “golazo”, un “tiro por la culata”, un “colado” en la boda de las neodictaduras.

Fueron las autoridades ancestrales y las juventudes quienes sostuvieron la democracia cuando parecía derrumbarse. Hoy, mientras la USAC continúa erosionándose, el gobierno que ayudaron a llevar al poder decide llamar prudencia a la cobardía, sostenida de protocolos y silencio. Cabe mencionar que Karin Herrera, egresada sancarlista, ha jugado el lastimero papel de una mujer callada y abnegada a la tibieza masculina. Además de los diputados y miembros del partido que se colgaron de la lucha en 2022. Su silencio también es cómplice. Hay traiciones que una espera, pero las que dejan cicatriz son las de quien juró cuidar la puerta.
Sí, las dictaduras no solo se construyen con hombres que gritan, también se constituyen con hombres que callan. La captura de las instituciones no necesita siempre un caudillo; a veces le basta un presidente dispuesto a mirar hacia otro lado mientras otros terminan el trabajo. A veces solo necesita que los distintos poderes se coopten y otras solo necesita que los docentes y administrativos universitarios se vendan por puestos.
La Universidad de San Carlos de Guatemala tampoco llegó hasta aquí por accidente. Desde 2008 comenzó a escribirse un libreto. Mario Alfredo Calderón Herrera fue asesinado a balazos en el parqueo de Humanidades; Water Mazariegos fue quien cooptó uno de los espacios de pensamiento crítico a partir de esa muerte sospechosa. Nunca ha sido decano ni rector, solo es un personaje de mal gusto en la teatralidad corrupta de un país mal hecho dentro de un continente en riesgo.
En 2022 vimos un ensayo. En 2026 comenzó la función, pues, ya no fue un decano baleado, ahora a los estudiantes se les saca a disparos. ¿Cuál es la coincidencia?
Entonces, como civiles agotados solo queda averiguar quién ocupará el papel principal en las nuevas elecciones, en nuestro telón de la “eterna primavera”. Mientras tanto, tenemos dos caminos: recuperar y acuerpar la lucha por la universidad del pueblo o ser cómplices de la decadencia. Es usual ver la queja frente a la juventud y su desapego con la USAC, pero ya es una generación de graduados a la que, desde 2022, se le negó su derecho al espacio físico dentro del campus.

Sí, la USAC es síntoma de la decadencia de un continente en peligro. El autoritarismo no siempre empieza en la presidencia; empieza cuando un Gobierno deja que capturen la universidad nacional y luego aprende a aplaudir la escena.
¡Ante un gobierno tibio, el usurpador ha hecho fiesta!
